un día me explicaba por qué no se podía cruzar
y al otro me contaba cómo se podía;
a veces me decía que no le creyera
y a veces me decía que no le creyera
cuando me dijera que no le creyera;
nunca me animé a cruzar,
pero una noche lo soñé
y me desperté del otro lado
y me volví a despertar
a su lado,
y él me sonreía;
un día desaparecí,
pero se quedaron ahí las orillas
y el río
y el viejo,
que guarda mi recuerdo
y una pluma mía
en una cajita
y a veces la abre,
despacio,
porque el recuerdo es livianito y se lo puede llevar el viento;
y saca la pluma y me escribe cartas
que se lleva el río,
pero se olvida,
y de nuevo
abre la cajita
despacio.
nunca me animé a cruzar,
pero una noche lo soñé
y me desperté del otro lado
y me volví a despertar
a su lado,
y él me sonreía;
un día desaparecí,
pero se quedaron ahí las orillas
y el río
y el viejo,
que guarda mi recuerdo
y una pluma mía
en una cajita
y a veces la abre,
despacio,
porque el recuerdo es livianito y se lo puede llevar el viento;
y saca la pluma y me escribe cartas
que se lleva el río,
pero se olvida,
y de nuevo
abre la cajita
despacio.
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