miércoles, 27 de enero de 2016

Nieve

Nieva.

El mundo se queda en silencio
porque hay un momento invisible
en que no es uno ni es todo;
menos que un momento,
y entonces habla
y el mundo se queda en silencio para escuchar
el sonido leve del momento cuando muere,
cuando deja su identidad
para ser nieve,
para ser todo.

Miro el cielo
y olvido las palabras,
quiero que se derritan en mi boca
que dejen su identidad
para ser nieve,

para ser todo.

las alas

un día me explicaba por qué no se podía cruzar
y al otro me contaba cómo se podía;
a veces me decía que no le creyera
y a veces me decía que no le creyera
cuando me dijera que no le creyera;
nunca me animé a cruzar,
pero una noche lo soñé
y me desperté del otro lado
y me volví a despertar
a su lado,
y él me sonreía;
un día desaparecí,
pero se quedaron ahí las orillas
y el río
y el viejo,
que guarda mi recuerdo
y una pluma mía
en una cajita
y a veces la abre,
despacio,
porque el recuerdo es livianito y se lo puede llevar el viento;
y saca la pluma y me escribe cartas
que se lleva el río,
pero se olvida,
y de nuevo
abre la cajita
despacio.